¿Quién gestiona nuestras emociones? ¿Nosotros? ¿O nos dejamos llevar por ellas? 19/03/2025
1. Identificar
Identificar la emoción o emociones que nos hacen reaccionar. Es necesario darse cuenta de las emociones que nos provocan reacciones negativas, ya que a menudo desconectamos de las emociones para disminuir el sufrimiento de las experiencias negativas que hemos tenido.
2. Respirar
La respiración es fundamental para armonizar el cuerpo y relajar el sistema nervioso simpático, lo que ofrece tiempo para procesar la información, poder realizar una evaluación más objetiva y decidir con conciencia y responsabilidad. Una respiración lenta y profunda nos aporta relajación y bienestar.
3. Detenerse para reflexionar
Ante una situación que nos hace reaccionar visceralmente o sentir de una determinada forma, hay que detenernos unos segundos, minutos, para reflexionar sobre la emoción que hay detrás y encontrar su origen. No podemos eliminar las emociones, pero sí somos capaces de conectar con ellas y entender cómo influyen en nuestra forma de reaccionar o de actuar.
4. Definir nuestro estado emocional
Describir exactamente los sentimientos con un vocabulario rico es básico para conocer que estamos experimentando. Si filtramos las cuatro emociones básicas -alegría, tristeza, rabia y miedo- a través del pensamiento, tendremos una amplia gama de sentimientos que nos ayudarán a definir nuestro estado emocional. Emoción más pensamiento es igual a sentimientos.
5. Ser honesto/a emocionalmente
Es necesario observar cómo nos expresamos desde la comunicación no verbal para identificar qué emoción es la que estamos sintiendo. Si no sabemos reconocerla o no queremos aceptarla, estaríamos experimentando una falta de honestidad con nosotros mismos. Por ejemplo, cuando reaccionamos con agresividad, en el fondo estamos expresando miedo, tristeza, impotencia o frustración por no sentirnos reconocidos, aceptados, valorados o escuchados.
6. Aceptar la emoción sin juzgar
Las emociones tienen una función fundamental: nos dan información sobre lo que está pasando y es necesario aceptarlas siempre. Si las reprimimos, nos volvemos incompetentes emocionalmente y no sabremos reaccionar ecológicamente. Las emociones no son buenas ni malas, simplemente son una fuente de información que nos ayuda a ser más conscientes de nosotros mismos y de los demás.
7. Empatizar con las demás
La empatía nos ayuda a comprender a los demás sin cargarnos con sus problemas, o sin que estemos de acuerdo. Debemos conocer los sentimientos que hay detrás de sus comportamientos. ¿Qué emociones y pensamientos puede estar experimentando esa persona? Si nos está insultando, es posible que tenga miedo y que crea que la mejor forma de defenderse es alterándonos. Buscando el porqué de las reacciones conseguimos entender a las personas. Cuando estamos bien entrenados para tener empatía y responder desde la asertividad, podemos distanciarnos emocionalmente sin que la actitud del citado nos afecte hasta el punto de estresarnos negativamente.
8. Regulación emocional
Es fundamental buscar nuevas respuestas, comportamientos, estrategias o recursos.
A menudo nos excusamos diciendo que en los momentos de estrés emocional perdemos el control y no podemos hacer nada por contenernos, pero los humanos tenemos la capacidad de la creatividad y disponemos de la inteligencia para hacer cosas distintas y aprender a focalizar la mente. Es necesario tener estrategias, recursos y técnicas al alcance para seleccionar cuál o cuáles son las más adecuadas para solucionar o afrontar cada situación.
9. Decidir, aplicar y evaluar los resultados
Un plan de entrenamiento inteligente requiere aprendizaje y práctica. Si queremos ser competentes emocionalmente, la práctica debe ser constante y deben ir incorporándose o modificando las diferentes opciones, en función del resultado.
10. Valorarse y felicitarse por haberlo hecho
Un elemento clave del éxito es la automotivación. Es reconocer y valorar lo que estamos consiguiendo. Para hacer camino, es necesario ir dando pasos, aunque sean pequeños, que nos orientarán hacia la meta que nos planteamos conseguir.
Identificar la emoción o emociones que nos hacen reaccionar. Es necesario darse cuenta de las emociones que nos provocan reacciones negativas, ya que a menudo desconectamos de las emociones para disminuir el sufrimiento de las experiencias negativas que hemos tenido.
2. Respirar
La respiración es fundamental para armonizar el cuerpo y relajar el sistema nervioso simpático, lo que ofrece tiempo para procesar la información, poder realizar una evaluación más objetiva y decidir con conciencia y responsabilidad. Una respiración lenta y profunda nos aporta relajación y bienestar.
3. Detenerse para reflexionar
Ante una situación que nos hace reaccionar visceralmente o sentir de una determinada forma, hay que detenernos unos segundos, minutos, para reflexionar sobre la emoción que hay detrás y encontrar su origen. No podemos eliminar las emociones, pero sí somos capaces de conectar con ellas y entender cómo influyen en nuestra forma de reaccionar o de actuar.
4. Definir nuestro estado emocional
Describir exactamente los sentimientos con un vocabulario rico es básico para conocer que estamos experimentando. Si filtramos las cuatro emociones básicas -alegría, tristeza, rabia y miedo- a través del pensamiento, tendremos una amplia gama de sentimientos que nos ayudarán a definir nuestro estado emocional. Emoción más pensamiento es igual a sentimientos.
5. Ser honesto/a emocionalmente
Es necesario observar cómo nos expresamos desde la comunicación no verbal para identificar qué emoción es la que estamos sintiendo. Si no sabemos reconocerla o no queremos aceptarla, estaríamos experimentando una falta de honestidad con nosotros mismos. Por ejemplo, cuando reaccionamos con agresividad, en el fondo estamos expresando miedo, tristeza, impotencia o frustración por no sentirnos reconocidos, aceptados, valorados o escuchados.
6. Aceptar la emoción sin juzgar
Las emociones tienen una función fundamental: nos dan información sobre lo que está pasando y es necesario aceptarlas siempre. Si las reprimimos, nos volvemos incompetentes emocionalmente y no sabremos reaccionar ecológicamente. Las emociones no son buenas ni malas, simplemente son una fuente de información que nos ayuda a ser más conscientes de nosotros mismos y de los demás.
7. Empatizar con las demás
La empatía nos ayuda a comprender a los demás sin cargarnos con sus problemas, o sin que estemos de acuerdo. Debemos conocer los sentimientos que hay detrás de sus comportamientos. ¿Qué emociones y pensamientos puede estar experimentando esa persona? Si nos está insultando, es posible que tenga miedo y que crea que la mejor forma de defenderse es alterándonos. Buscando el porqué de las reacciones conseguimos entender a las personas. Cuando estamos bien entrenados para tener empatía y responder desde la asertividad, podemos distanciarnos emocionalmente sin que la actitud del citado nos afecte hasta el punto de estresarnos negativamente.
8. Regulación emocional
Es fundamental buscar nuevas respuestas, comportamientos, estrategias o recursos.
A menudo nos excusamos diciendo que en los momentos de estrés emocional perdemos el control y no podemos hacer nada por contenernos, pero los humanos tenemos la capacidad de la creatividad y disponemos de la inteligencia para hacer cosas distintas y aprender a focalizar la mente. Es necesario tener estrategias, recursos y técnicas al alcance para seleccionar cuál o cuáles son las más adecuadas para solucionar o afrontar cada situación.
9. Decidir, aplicar y evaluar los resultados
Un plan de entrenamiento inteligente requiere aprendizaje y práctica. Si queremos ser competentes emocionalmente, la práctica debe ser constante y deben ir incorporándose o modificando las diferentes opciones, en función del resultado.
10. Valorarse y felicitarse por haberlo hecho
Un elemento clave del éxito es la automotivación. Es reconocer y valorar lo que estamos consiguiendo. Para hacer camino, es necesario ir dando pasos, aunque sean pequeños, que nos orientarán hacia la meta que nos planteamos conseguir.