Factores de desestabilización emocional 02/12/2025
La mejora de la calidad en la atención al usuario de servicios sociales es un reto muy importante en cualquier organización. El objetivo es incrementar la eficacia y eficiencia de los servicios que se prestan para hacerlos más cercanos y orientados hacia la excelencia. Para conseguir este reto, deben facilitarse conocimientos a los profesionales que atienden a la persona usuaria de servicios sociales tanto sea en puntos de información como de acompañamiento, para aprender a gestionar las emociones de manera positiva.
La atención a la persona usuaria de servicios sociales tiene un plus de estrés, ya que los profesionales pueden encontrarse ante actitudes poco respetuosas de algunas personas o bien con la impotencia de no poder atender sus peticiones por falta de recursos. En estos últimos tiempos, debido a la crisis, se ha producido un aumento de las exigencias y demandas que, a menudo, desencadena reacciones emocionales no deseables, lo que aporta una importante carga emocional.
Los profesionales son la cara pública de las organizaciones así como también son los que reciben, de forma directa y en primera línea, la indignación, la agresividad y la exigencia de las personas usuarias.
La formación de la gestión emocional en la atención a la persona usuaria de servicios sociales tiene el propósito de mejorar las competencias emocionales para gestionar las propias emociones y, al mismo tiempo, poder comunicarse positivamente y relacionarse con empatía con los usuarios.
Entendemos por ecología emocional la gestión beneficiosa para uno mismo/a, para los demás y para el entorno. Para ser emocionalmente competente, es necesario conocer el funcionamiento de los seres humanos en situaciones de dificultad y ante problemas o peligros. Hay que entender cómo funciona el cerebro y por qué se reacciona, a veces, de forma visceral. Se debe tener claro el concepto de estrés y la repercusión de las situaciones negativas en el propio cuerpo y en la salud. La salud holística es la percepción de bienestar en diferentes ámbitos de la vida –mental, emocional y físico– que se influyen de forma sistémica. Una alteración en uno de los ámbitos afecta al conjunto. La calidad en las relaciones interpersonales que se generen dependerá de las competencias emocionales que se desarrollen.
Es necesario autoobservarse y ver cómo se reacciona ante situaciones que nos desbordan y que nos bloquean; es necesario reflexionar sobre las emociones que nos impactan y cómo podemos canalizarlas desde la inteligencia emocional.
Los profesionales, especialmente los que se dedican a la atención a las personas, deben tener un claro compromiso de incorporar en la cotidianidad laboral y personal una actitud de vida orientada hacia el bienestar, aplicando técnicas y estrategias, para conseguir una mejor salud holística y disminuir el impacto y desgaste emocional que ocasiona la atención a los usuarios.
La atención a la persona usuaria de servicios sociales tiene un plus de estrés, ya que los profesionales pueden encontrarse ante actitudes poco respetuosas de algunas personas o bien con la impotencia de no poder atender sus peticiones por falta de recursos. En estos últimos tiempos, debido a la crisis, se ha producido un aumento de las exigencias y demandas que, a menudo, desencadena reacciones emocionales no deseables, lo que aporta una importante carga emocional.
Los profesionales son la cara pública de las organizaciones así como también son los que reciben, de forma directa y en primera línea, la indignación, la agresividad y la exigencia de las personas usuarias.
La formación de la gestión emocional en la atención a la persona usuaria de servicios sociales tiene el propósito de mejorar las competencias emocionales para gestionar las propias emociones y, al mismo tiempo, poder comunicarse positivamente y relacionarse con empatía con los usuarios.
Entendemos por ecología emocional la gestión beneficiosa para uno mismo/a, para los demás y para el entorno. Para ser emocionalmente competente, es necesario conocer el funcionamiento de los seres humanos en situaciones de dificultad y ante problemas o peligros. Hay que entender cómo funciona el cerebro y por qué se reacciona, a veces, de forma visceral. Se debe tener claro el concepto de estrés y la repercusión de las situaciones negativas en el propio cuerpo y en la salud. La salud holística es la percepción de bienestar en diferentes ámbitos de la vida –mental, emocional y físico– que se influyen de forma sistémica. Una alteración en uno de los ámbitos afecta al conjunto. La calidad en las relaciones interpersonales que se generen dependerá de las competencias emocionales que se desarrollen.
Es necesario autoobservarse y ver cómo se reacciona ante situaciones que nos desbordan y que nos bloquean; es necesario reflexionar sobre las emociones que nos impactan y cómo podemos canalizarlas desde la inteligencia emocional.
Los profesionales, especialmente los que se dedican a la atención a las personas, deben tener un claro compromiso de incorporar en la cotidianidad laboral y personal una actitud de vida orientada hacia el bienestar, aplicando técnicas y estrategias, para conseguir una mejor salud holística y disminuir el impacto y desgaste emocional que ocasiona la atención a los usuarios.